Una de las ideas revolucionarias de los primeros bancos del tiempo fue la de decidir que el valor de una hora es una hora. Suena de lo más simple, pero es de lo más revolucionaria.
Significa, en tiempos de crisis, que es cuando tienen auge los bancos del tiempo, que si un médico te dedica una hora y tu le haces trabajos en el jardín durante una hora, nadie debe nada a nadie. De golpe y porrazo desaparecen las diferencias sociales y de estatus. Solemos decir que un médico ha invertido mucho tiempo en formarse. Lo que se suele olvidar es que la sociedad también ha invertido muchos recursos, que exceden en mucho el coste de la matrícula y de los costes de la carrera. Montar y equipar y mantener una universidad le cuesta al estado, y por ende a la todalidad de la ciudanía (los contribuyentes) muchísimos recursos. Durante generaciones. Y cuando el profesional que sale de la universidad empieza a ejercer, es cuando la sociedad recibe los frutos de su inversión. El salario del médico es una custión social, de diferencias de clase y de estatus, más que nada.
Pero, y volviendo a los tiempos de crisis, si el médico cobra mucho y la gente es pobre, al final el médico será igual de pobre que los pacientes que no tiene. Y es en este contexto cuando nacen y prosperan los bancos del tiempo, en EE.UU. en alguna de las muchas crisis económicas-financieras que periódicamente asocian ese país (y el resto).
La idea de que en un banco del tiempo los servicios y favores son gratuitos está equivocada. Por mucho que aparezca en sus slóganes. La confusión consiste en pensar que coste y dinero es lo mismo. Y que sin dinero es lo mismo que sin coste. Y de allí, saltar a que sin dinero es gratuito. No suena mal. Pero repugna a la lógica a poco que te pongas a pensar. Nuestro idioma mismo nos está avisando. Si yo hago un trabajo para otro, claro que me cuesta. Tiempo y esfuerzo. El esfuerzo depende de factores personales y es difícil de evaluar. El tiempo no. El hombre moderno construyó relojes y de alguna forma ha objetivado el tiempo. Y es ese recurso el que nos permite, dentro de un banco del tiempo, racionalizar los intercambios e impedir que haya abusones y acaparadores. Que haya gente recibiendo favores sin parar, y otra dándolos igualmente sin pausa.
Nadie se mete en un banco del tiempo si no comparte una determinada actitud solidaria y comunitaria. O, si se mete, dura poco. En un banco del tiempo, acumular crédito no te sirve de nada, no ganas nada, no hay intereses. Por otro lado, tiene la ventaja de que no hay inflación. Si ayer debías una hora, pasado mañana seguirás debiendo una hora. Los bancos del tiempo suelen tener dos mecanismos para evitar los números rojos: o bien te dan un crédito al entrar, o bien te permiten un saldo negativo de hasta x horas durante x tiempo. Porque cuantos menos usuarios tiene, más tarda cada uno de ellos en casar sus ofertas con sus peticiones. Un banco del tiempo con pocos usuarios es un contrasentido, porque entre amigos no suelen hacer falta contabilidades. Los bancos del tiempo tienen sentido en sociedades muy grandes y con mucho anonimato, en donde la gente con mentalidad solidaria y desprendida está dispuesta a correr unos riesgos mínimos, convencida de que vale la pena.
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