Existe una cierta confusión entre lo que es un banco del tiempo y lo que es una cadena de favores. En la entrada anterior ya comenté al final el sentido de un banco del tiempo. Los bancos del tiempo son un primer paso hacia una economía alternativa, más igualitaria y menos basada en los mecanismos de oferta y demanda, así como de las clases sociales.
En una economía de oferta y demanda, quien ofrece un bien muy apreciado, muy necesario, muy escaso, o una combinación de éstos, puede reclamar un precio más elevado. Ello le permite, si hablamos en términos de tiempo, trabajar menos tiempo para ganar igual dinero. Si hablamos en términos de dinero, sería ganar más dinero trabajando el mismo tiempo. En cambio, en un banco del tiempo, el tiempo de todos vale lo mismo. Este es un argumento que, en tiempos de crisis, incluso para la gente más desconfiada y temerosa de salir perdiendo en cualquier negocio, tiene su peso. Los bancos del tiempo tienen sentido dentro de sociedades masificadas y mayormente insertas en la economía de oferta y demanda. Quienes se adhieren a un banco del tiempo, con su mera adhesión ya manifiestan su intención de que sus intercambios se rijan por otros patrones. En un banco del tiempo, a diferencia de un sistema de trueques directos, el pago suele estar diferido. No suele coincidir que en un mismo día recibamos tantas horas de favores como las que prestemos. Pero, tenemos confianza en a) el sistema, que nos garantizar que dentro de un período razonable de tiempo podremos atender algún servicio o favor que necesitemos, y b) los demás usuarios, en la medida en que un favor o servicio siempre requieren un mínimo de confianza (y en el banco, que nos pone en comunicación con ellos).
Dentro de una comunidad pequeña y en la que todos se conocen no suele ser necesario un banco del tiempo, a no ser que el nivel de los intercambios sea tan grande que se precise algún tipo de contabilidad. Normalmente basta con un sistema de trueque o de cadena de favores. Con nuestros amigos no medimos el tiempo, ni ellos nos piden de forma abusiva, ni nosotros se lo racaneamos cuando nos necesitan.
Una vez los usuarios de un banco del tiempo se convierten en comunidad, la contabilidad tiende a relajarse. Los pequeños favores no se contabilizan. Se confían en que el equilibrio se produzca de forma natural. Y muchas veces estos pequeños favores van dando lugar a verdaderas cadenas de favores, en la medida en que los favores no son recíprocos, sino que se producen más o menos aleatoriamente dentro de la comunidad.
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